El Bal a Versailles original ha sido un firme amor mío desde hace mucho tiempo, ganándose un fuerte lugar en mi top 5 de por vida. El Eau de Cologne fue una compra a ciegas para mí y me preocupaba que fuera una compra superflua, pero nunca me había alegrado tanto de equivocarme. Esta iteración de la fragancia sigue el mismo perfil olfativo general de civet urinoso, bálsamos espesos y ámbar cálido. Sin embargo, la sensación general es mucho más luminosa, suave y ligera: es mucho más ponible y versátil que un parfum o EDT estándar. El ylang brilla alegremente como destellos de luz solar, junto con suaves flores blancas empolvadas que iluminan la oscura suciedad que yace debajo. También destaca el Vetiver, que aporta a la fragancia un toque refrescante de tierra verde. Adoro este perfume, es sencillamente glorioso. No creo que sea obsoleto poseerlo al igual que el original, ya que éste es mucho más ponible en los meses más cálidos a pesar de no alejarse demasiado del perfil olfativo original. El EDC y el parfum están estrechamente relacionados, pero simplemente se inclinan hacia diferentes aspectos de la idea creativa. El perfume evoca el aroma de un baile del siglo XVII en el palacio de Versalles, mientras que esta fragancia evoca la misma idea, pero tal vez en los veraniegos jardines de dicho palacio.
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